02 julio 2016

¿Qué le ven a Almodóvar? (reacciones a La Mala Educación)

Francisco Peña.




Cada vez que se estrena una película del controvertido director español Pedro Almodóvar el público se divide entre adoradores, los que ven en él un excelente director y los que lo abominan por gay. Pero, ¿en realidad qué le ven a Almodóvar? Gracias al estreno de La Mala Educación, estas son las respuestas.



1. Siempre tengo que hacer lo que tu quieres.

En un conjunto de cines más allá de la frontera del metro Cuatro Caminos, erigido por los rumbos de Coacalco y la avenida López Portillo donde hasta las peseras se pierden, se reúnen frente a la taquilla parejas de jóvenes obreros y subempleadas que aprovechan el día feriado para divertirse en el cine.

Desde la taquilla se nota la discusión. La chava quiere ver Colateral porque sale Tom Cruise y el chavo no quiere entrar precisamente por Tomás Cruz. El chavo, de unos 23 años, no quiere pelearse pero impone su decisión, así que por sus pistolas él escoge: ¡Vamos a ver la de Gael García (concesión galante) porque es un actor chido (él cree que verá algo como Amores perros)! Ninguno tiene la menor idea de quien es Almodóvar.


Desde que Gael García Bernal establece la homosexualidad del personaje principal, las chavas se fastidian porque no es un Gael al que puedan desear, sino uno que podría ponerle los cuernos con su propio novio.

Los hombres se incomodan, pero estén con un grupito de amigos o acompañados por su prospecto femenino para esta noche, la reacción es la misma: la risa y el pitorreo. Cuando la extraordinaria actuación de Gael García despliega sus rasgos más femeninos o cuando ejecuta la felación, se oyen comentarios en voz alta desde el clásico pinches putos hasta ya déjalo respirar, güey. Frente a las escenas del cura pederasta o las críticas a la Iglesia, hay un silencio varonil sepulcral puntuado por algunos ya vámonos femeninos.


Pero Almodóvar es un mago del cine. La gente descubre que el tema central de la película, aunque condena a los curas pederastas, es más bien un thriller cuyos personajes son homosexuales. Parte del público se interesa con el suspenso de la historia mientras el director manchego muestra matices del ambiente gay que quiere comunicar a sus espectadores.

Al final gran parte de las mujeres se sienten engañadas: ese Gael no es Gael. Los chavos descubren su grave error: esta noche no faja Pancho Cachondo.

Confirmado, los reclamos al galán no se hacen esperar cuando termina la proyección, que se resumen en el grito lapidario: ¡Siempre tengo que hacer lo que tú quieres!


2. Mi papá no podría ver ésto.

En el otro extremo de la zona metropolitana, alrededor de Pericoapa y la Alameda del Sur, hay tres conjuntos de cines donde se exhibe La Mala Educación. La clase media sí sabe a lo que va y no se espanta: han visto películas de Almodóvar y conocen su nombre. Aunque predominan los jóvenes, hay parejas maduras.

La atención no se centra en Gael como actor sino en la historia. Frente a las secuencias del cura pederasta y el asesinato cometido por dos sacerdotes, aunque sea ficción pues es el final de la película dentro de la película, varios espectadores se indignan: cuando se escucha la frase en pantalla de que de todas maneras Dios está de nuestra parte, se oyen varios ¡Que poca madre! simultáneos. Hay risas cómplices cuando uno de los adolescentes se define como hedonista porque es a los que les gusta pasarla bien. Lo leí en la enciclopedia.


Al terminar la función, desde las escaleras hasta la salida del cine, la gente comenta todo tipo de cosas: la iglesia, el celibato, la pederastía, el enamoramiento gay, la promiscuidad, la valentía de Almodóvar.

Algunas parejas se sientan en las bancas del centro comercial para abordar la película. Destaca un grupo de ocho jóvenes veinteañeros que platican los temas abiertamente y sin tapujos. El más adulto del grupo, que ya roza los 30, dice: podrá uno estar o no de acuerdo con lo que acabamos de ver, pero es chido que se hable de todo ésto. No hay señales de asco, rechazo o discriminación hacia los homosexuales sino, más bien, una curiosidad, un deseo por entender un ambiente que quizás no conocen a profundidad.


Conforme aumenta el calor de la discusión se refieren a la vida de sus padres y una muchacha afirma contundente: mi papá no podría ver esta película. Sus amigos le dan la razón, la perspectiva para abordar el tema de la homosexualidad es otra de las grandes diferencias generacionales. El grupo de amigos no se dirige a las tiendas a comprar sino que se enfila hacia el café más cercano... La tarde es joven y hay muchas opiniones que intercambiar sobre Almodóvar, su trayectoria fílmica, y sumar en el recuerdo a La Mala Educación junto sus películas anteriores.


3. ¿Qué le ven al puñal de Almodóvar?

En las funciones nocturnas de un conjunto de cines de Polanco, los espectadores que no salieron de puente a Estados Unidos (con eso de que hubo huracán) le entran a la cinta de Almodóvar. Sólo con una mayor proporción de rubios y rubias en los asientos también predominan los jóvenes, aunque la proporción de parejas adultas se incrementa.

Una pareja adulta está incómoda desde el inicio. No se ve que sean matrimonio porque no muestran la familiaridad de quienes han convivido juntos al menos unos 10 años; más bien parecen divorciados arrejuntados que se atraen pero que aún no se conocen todas las mañas que erosionarán su relación en el futuro (o sea, viven en el masculino y conveniente Together Apart!).


Cuando el tema de la homosexualidad es ya evidente en pantalla. el hombre comenta más para sí mismo que para su pareja: ¿qué le ven al puñal de Almodóvar? Conforme avanza la cinta, mientras Gael entra y sale de Ignacio / Angel, de hombre a travesti, su incomodidad crece.

Pero en la parte del sacerdote pederasta, de la homosexualidad en colegios confesionales, los comentarios de la pareja concuerdan: la iglesia es un tache de entrada, y hay más oculto de lo que se da a conocer. Parecen católicos que dejaron de creer y abandonaron el rito pero no su moralidad pública.


Al contrario, el público joven guarda silencio, como si el problema ya no fuera significativo para ellos, cosa que se confirma porque a la salida el tema de los comentarios es la homosexualidad masculina y femenina en las formas sociales en que se manifiestan hoy, y no se concentran en los casos clericales.


En las escenas de encuentros sexuales homosexuales, al igual que el público de clase media, los jóvenes con recursos económicos comentan en voz baja, entre curiosos y conocedores. La pareja adulta está en franca rebeldía contra la película, a la cual empiezan a juzgar como una pasarela de vestidas, gays de clóset y perversión. En especial juzgan de mal gusto las escenas de la alberca, donde Almodóvar muestra el cuerpo de Gael con tomas sugerentes.


Al terminar la función hay una diferencia entre los jóvenes de Coapa y los de la zona de Polanco. Mientras los primeros se fueron a un café para discutir, los segundos se dirigieron de inmediato a los escaparates de las tiendas; los comentarios sobre la cinta de Almodóvar cesaron para concentrarse en zapatos, ropa, electrónicos y lo chafa que es tener sólo tv por cable y no acceso a Netflix.


¿Y la pareja adulta? ¡Ah!, a la salida del cine de Polanco, mientras se dirigían directo al estacionamiento -no al café, no a las tiendas- el hombre dijo como conclusión lapidaria: ¡No se que le ven al puñal de Almódovar! Su pareja asintió y, quizás, quiso cambiar el rumbo de la conversación: ¡pero la actuación de Gael García es magistral! El hombre viró bruscamente y descargó su ira contenida escupiéndole en la cara a su acompañante estas palabras: ¿Cómo qué, hombre, mujer, o químera?


¡Upppsssss, que genio, ya cásate brother!



¡Tómala barbón!